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Cuento de Hansel y Gretel

Hansel y Gretel es el cuento de hadas (n.º 15) escrito por los hermanos Grimm en 1812. Esta fábula infantil, popular y tradicional se ha transmitido de generación en generación por todo el mundo.

Hay diferentes versiones de la famosa historieta del ganso de oro, incluso películas y dibujos animados con diferente desenlace, aunque se desconoce cuál es la versión original. La versión reescrita del libro por Adivinanzas10.com en 2022 es el cuento para niños completo, pero corto y resumido. Genial para leer a la hora de dormir o usar en la escuela, gracias a sus fantásticas imágenes e ilustraciones.

Puedes leer el resumen del cuento clásico ilustrado escrito en nuestra web, o descargar la versión para imprimir en pdf de la historia.

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Hansel y Gretel

Érase una vez un par de niños, hijos de un leñador, cuyo nombre era Hansel y Gretel. Vivían en un gran bosque repleto de árboles junto a su amado padre y una malvada madrastra. Desgraciadamente, los cuatro pasaban los días como podían, pues el dinero y la comida eran bienes escasos.

Un día, al caer la noche, el padre estaba realmente preocupado por la situación y sus hijos, y la madrastra le dijo:

«Querido, lo mejor sería dejarlos en el bosque, no tenemos comida ni para nosotros. Si los dejas en el bosque tendrán una oportunidad de sobrevivir y encontrar un lugar donde los alimenten.»- Propuso la malvada madrastra.

Al comienzo, el leñador quedó horrorizado por la propuesta.

«¿Quién te crees? Como se te ocurre que voy a abandonar a mis hijos de esa forma.»- Contestó el leñador molesto.

La madrastra no se dio por satisfecha, ella estaba convencida de que era la única forma de que los cuatro tuvieran una buena vida y continuó insistiendo. Finalmente, al padre no le quedó más remedio que asentir ante sus peticiones.

Los pequeños, a los que el sueño aún no les había vencido, escucharon toda la conversación. La pequeña Gretel rompió a llorar desconsoladamente, pero Hansel, en cambio, se armó de valor y le prometió que, aunque los abandonaran en el bosque, encontrarían el camino de vuelta.

Al día siguiente, el padre los despertó y pidió que lo acompañaran como de costumbre, mientras la madrastra les preparaba un pan a cada uno para que se llevaran.

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Los pequeños comenzaron a seguir al leñador, a sabiendas de lo que iba a suceder. Por ello, Hansel fue dejando un rastro de migas de pan tras ellos, era su manera de marcar el camino para después poder volver a su hogar.

Se detuvieron en un claro del bosque y su padre les dijo profundamente apenado:

«Quedaos aquí mis pequeños, tengo que recoger algo de leña y después vendré a por vosotros.»

Los dos hermanos permanecieron tranquilos, pensando que había una mínima posibilidad de que su padre cambiara de idea y volviera a por ellos.

Las horas pasaban y poco a poco el sueño fue atrapándolos. Cuando despertaron ya se había hecho de noche y les era imposible ver las migas de pan para volver a casa. Buscaron y buscaron, pero no encontraron ningún rastro, por lo que finalmente pensaron que los pájaros se habrían comido todos los restos.

Anduvieron un largo tiempo por el bosque, alejándose cada vez más de su hogar. Parecía que la vida les deparaba una gran desgracia, hasta que el cántico de un pajarito llamó su atención, una hermosa ave blanca cantaba y aleteaba, indicándoles que le siguieran. Así hicieron.

El pajarito los llevó hasta una casa, pero no era una casa normal y corriente, estaba fabricada con dulces. El tejado era de jengibre y las ventanas de chocolate, bizcocho y azúcar.

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Al ver esto, ambos hermanos se arrojaron hambrientos sobre los dulces, hasta que escucharon la voz de una anciana que les invitaba a pasar al interior de la casa. Engañados, los niños entraron, sin saber que aquella anciana era una perversa bruja que deseaba comérselos.

Ya no había marcha atrás, Gretel y Hansel estaban perdidos. La bruja decidió que Hansel sería un buen plato de comida, pero primero tendría que engordarlo, pero Gretel le sería más útil como sirvienta.

Los pequeños estaban realmente escuálidos, así que comenzó a cebarles día tras día. Tras cumplir su propósito, encerró a Hansel en una jaula. La bruja, que no veía muy bien debido a la edad, le pedía a diario al niño que sacara su brazo a través de los barrotes, con el propósito de ver si había engordado lo suficiente, pero el pequeño, muy astuto, le mostraba los restos de un hueso.

Después de un largo tiempo, la malvada bruja se cansó de esperar que el pequeño engordara, así que, decidió alimentarse del él, estuviera como estuviera.

Comenzó a preparar todo lo que necesitaba para su delicioso plato y a calentar el horno. Pero, cuando la malvada bruja quiso comprobar si el horno se había calentado lo suficiente, la pequeña Gretel vio la oportunidad de escapar, así que aprovechó y la empujó al interior del caliente horno.

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Tras esto, Gretel fue rápidamente a liberar a Hansel de la jaula, pero antes de escapar de la casa cogieron todos los objetos de valor que la bruja tenía escondidos. Corrieron lo más que pudieron y se alejaron de la casa, agotados, pararon a descansar en un enorme estanque junto a la presencia de un hermoso cisne blanco.

Debían cruzar el estanque para huir más rápido, así que le pidieron ayuda al cisne, que encantado les prestó ayuda y los ayudó a cruzar, pero además, supo indicarles el camino de vuelta a su hogar.

Felices, los pequeños se reencontraron con su padre, consumido por el remordimiento y el dolor que abandonar a sus hijos le había producido. Los niños se arrojaron a sus brazos, y le contaron todo aquello tan terrible que habían vivido.

El leñador se disculpó y prometió no dejarlos solos nunca más. Además, el padre les comunicó que su malvada madrastras había fallecido.

En ese momento, los niños le dieron todos los objetos de valor de la bruja malvada, ya no volverían a pasar hambre. Ahora sí, podrían vivir felices.

Además, aprendieron una gran lección, no debían fiarse de las apariencias de la gente. La casa de dulces les había parecido entrañable y amigable, pero estuvieron a punto de perder la vida por fiarse de la anciana. Pero gracias a ello, los hermanos también aprendieron a colaborar mutuamente para salvarse y escapar.

Ahora nada ni nadie podría con ellos.

Moraleja: no debemos dejarnos llevar por una apariencia, las personas más afables pueden ser malvadas. Además, nos enseña a que trabajar en equipo, puede ser muy beneficioso.

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