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Cuento La niña de los fósforos

El cuento de La Niña de los Fósforos o La Cerillera es un libro del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, publicado por primera vez en 1845. Es una fábula infantil, popular y tradicional que ha llegado a todo el mundo y en diferentes idiomas, que narra la historia de una niña pobre que vende fósforos en la víspera de Navidad.

Hay diferentes versiones de la niña de los cerillos, incluso películas, dibujos animados para colorear y juegos interactivos. La versión reescrita del libro por Adivinanzas10.com en 2024 es el cuento para niños completo, pero corto y resumido. Es un cuento infantil genial para leer a la hora de dormir o usar en la escuela gracias a sus fantásticas imágenes e ilustraciones.

Puedes leer el resumen del cuento clásico original de Navidad escrito en nuestra web, o descargar la versión para imprimir en .pdf de la historieta.

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La niña de los fósforos o cerillas

Érase una vez un día de diciembre muy, muy frío. Había nevado durante toda la mañana y la tarde, y la noche comenzaba a caer; era la última noche del año, la famosa noche conocida por el nombre de San Silvestre.

Bajo la oscuridad de la noche y el penetrante frío, una pequeña niña caminaba descalza y apenas abrigada por las nevadas calles del pueblo. La pequeña había salido de su hogar con zapatillas, pero era tan pobre, que llevaba unos zapatos más grandes de su talla, y desgraciadamente, los perdió por el camino mientras cruzaba la calle rápidamente para no ser atropellada.

Para ganarse unas monedas, llevaba todo el día intentando vender fósforos sin éxito. Agotada y con su cabello dorado cubierto de nieve, se acomodó junto a una casa y rodeó sus piernas con los brazos para resguardarse del frío.

“No puedo volver así a casa, sin un centavo, papá se enfadará mucho conmigo y no podré cenar”.

“Además, en casa también hace mucho frío… ¿Y si enciendo un fósforo? ¿Se dará cuenta papá? ¡Mis manos se están entumeciendo!”.

cuento de la cerillera

Así que cogió un fósforo y lo frotó con la caja. Inmediatamente, las chispas saltaron y se encendió una pequeña llama que se sentía muy calentita entre las manos.

Por un momento, se sintió como si estuviera al lado de una pequeña chimenea. En el momento en que la pequeña estiró sus piececitos, la llama se apagó, haciendo desaparecer cualquier ilusión que la pequeña estaba imaginando.

“¿Y si enciendo otra? Hace demasiado frío” – Pensaba tristemente la pequeña.

Así que, nuevamente, pero esta vez sin dudarlo, la pequeña encendió un nuevo fósforo, y de repente, estaba delante de un precioso árbol de navidad, un árbol muy grande y hermosamente decorado.

Entre las ramas de aquel árbol estaban prendidas unas velas y también colgaban hermosas estampitas, muy parecidas a las que había en los cristales de las casas del pueblo. Cuando la pequeña alzó sus manos, el fósforo dejó de resplandecer.

Las únicas luces que quedaban allí eran las de las estrellas y la luna. Mientras observaba tristemente, una estrella cayó y se convirtió en una estrella fugaz.

“¡No! Alguien debe estar muriendo” – Pensó la pequeña,

Y es que, eso solía contarle su dulce abuelita, la única persona que de verdad la amó alguna vez, pero ya había fallecido. Le contó que cada vez que una estrella caía era porque un alma regresaba al cielo.

De nuevo frotó el fósforo, y de golpe apareció entre la luz de la cerilla su amada abuelita. Lucia diferente, angelical, y radiante… su aspecto era deslumbrador.

la niña de los cerillos

“¡Abuelita, eres tú!” – Exclamó la niña

“No me dejes aquí, abuelita, llévame contigo. Sé que una vez se apague este fósforo te irás, pero no me dejes aquí, por favor”.

La pequeña decidió entonces encender todas las cerillas que llevaba encima, con el fin de que su abuela no desapareciera al igual que las demás cosas. Tantas cerillas encendidas resplandecían más que la luz del día y vio cuán hermosa y grande era su abuela.

Esta tendió sus brazos y cogió a la pequeña niña, envueltas por la luz de los cerillos la pequeña olvidó lo que era el frío, el hambre y el miedo; habían llegado al reino de Dios.

la niña de los fosforos

Al día siguiente encontraron a la pequeña congelada por el frío en el último día del año, con la cajita de fósforos casi consumida, dando a pensar a la gente que la dulce niña había intentado calentarse con ellos. Desgraciadamente, nadie supo jamás lo que había sucedido aquella noche.

Aprendizaje, lección o moraleja del cuento de la niña de los fósforos o cerillos: La moraleja de la fábula o cuento de la cerillera es que la bondad y el amor pueden brillar incluso en las situaciones más frías y desesperadas. La pequeña niña, a pesar de su sufrimiento, encontró calor y felicidad en su último acto de generosidad hacia su abuela, mostrando que la compasión puede iluminar nuestras vidas más allá de la oscuridad.

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